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+ ALBUFERA

Vela Latina-Albufera

Extracto del libro L'Albufera de València de Vicenç M. Roselló i Verger. Traducción: Albufera.com


LA BARRACA Y OTROS HABITACULOS

 

Desaparecidas barracas de "Montoliu" en el Saler.

Si no fuese por la tipificación Llorentina (Teodoro Llorente) de "casal de humils virtuts i honrats amors" (Casa de humildes virtudes y honrados amores)(1883), que desencadenó los tópicos que hemos aguantado los valencianos, la barraca sería más que un "motivo pictórico y fotografico dominical". También es verdad que el realista Blasco Ibañez (1898) se encargó de contradecir la imagen de Llorente, con el relato de la miseria y sordidez reflejado en su novela "La Barraca"; un escritor más alejado, Miguel Hernandez, tuvo que ser el que le hiciese una elegía. Al fin y al cabo en la huerta de Orihuela, también estaba en vigencia este habitáculo.

            El valor antropólogico y geográfico de la barraca no puede ser discutido. Aún encontrándola desde el Delta del Ebro -colonizado por "marjales" (agricultores de la marjal) valencianos- , buena parte de la huerta de Valencia, la del Segura y hasta en la de Murcia, el dominio "albuferenc" es connatural.

            Son muchos los autores que han tocado desde múltiples puntos de vista el tema de la barraca. si el racionalista Cabanilles (1795) la menospreció, otros escritores localistas bajo el aura romántica la valoraron, pero los estudios sólidos son pocos y podrían concretarse en los de M. Thede (1933), etnólogo de la escuela de Krüger, y la tesis doctoral del geógrafo J.M. Casas(1944) que le dedica el primer capítulo, y el libro muy bien documentado de M. Sanchis (1957).

            En cuanto al origen del habitáculo que nos ocupa, hay pocas cosas resueltas. Parece descartable la explicación palafítica por la cual se inclinaron Casas (1944) y Violant (1951), siguiendo elocubraciones sobre el poblamiento anfibio y el argumento de la barraca-vivero de anguilas, que es un detalle probablemente anecdótico y efímero. Más fácil sería decantarse por la evolución de las elementales cabañas de pescadores, ya que tenemos noticias, documentación y hechos,
que avalan el parentesco de estas cabañas con la barraca.

             Contado y debatido, la primera representación conocida de barracas se remonta al siglo XV y la encontramos en la predela del retablo de Santa Marta del anónimo Maestro de Cabanes que figura en el Museo San Pio V (Valencia). Los dibujos del pintor flamenco Anthonie van den Wijngaerde (1563), conservados en la Biblioteca Nacional de Viena, Victoria & Albert Museum de Londres o Ashmolean Museum de Oxford (Rosello et al. 1990) representan y rotulan un núcleo de barracas en el Saler y otro en al norte del Grau (puerto de Valencia), donde se multiplicarían en los años siguientes. Cabe decir igualmente, que toda la cartografía flamenca de los siglos XVI y XVII epigrafía sistemáticamente "Barracas" en en el nucleo que ahora se llama Saler, al lado de la Albufera. La expansión máxima de este habitáculo debió de ser en el siglo XIX, pero ya hacia finales del mismo vino su decadencia. Un acuerdo del Ayuntamiento que se anticipaba al incendio del Palmar (1885) prohibia la construcción de barracas el 19 de noviembre de 1884, y hasta limitaba la rescostrucción de las mismas. Ahora la carencia de costrucción de barracas ha sido espontanea. En el año 1970 , el 80% de las barracas ya eran inhabitables: almacenes, establos... o nada.(Escrivà 1970)

              Entre el Delta del Ebro y la huerta de Orihuela han habido barracas de estilo valenciano; averiguar su filiación en algunos casos no es difícil, en otros ya los es más. Sin caer en fuertes determinismos, las primeras materias -cañas y barro- sugieren un hermanamiento con la marjal, el arrozar o al menos con la horticultura. El caracter pescador, ya insinuado antes, se puede superponer. En el territorio que ocupa el Parque Natural hay todavía - en ruina casi todas- en el Palmar, Perello y El Saler. En la zona de la orilla este de la Albufera hay una serie de barracas construidas recientemente tratando de emular a aquellas barracas de antaño, pero con material moderno, actual; únicamente ofreciendo los originarios techos de "borró" (vegetal de la zona que se empleaba para techumbre, entre otras cosas), como nota tradicional y pintoresca.

Interior de una barraca con planta
de distribución central (Sanchis 1957)

 La forma de la barraca consiste en un paralepípedo cabalgado por un diedro o prisma triangular. La estructura del diedro de madera, cubierta con el techo a dos aguas muy oblícuos, descansando sobre dos muros bajos. Estas paredes oscilan entre 1,5 y 2,5 m de altura, pero antiguamente no pasaban de 30 cms o 40 cms (la gente se acostaba en tierra sin camas y no hacia falta mas altura). La cima de la barraca, donde converge los dos laterales de la techunmbre en un angulo de unos 30º ó 40º, puede llegar a los 6 ó 8 m.. Hay barracas pequeñas y grandes, pero la largaria habitual de la misma es engtre 10'5 y 9 m. y el ancho respectivo, entre 6'5 y 4'5 m.; predomina una ortientación del eje E-W. En caso de una construcción doble la barraca-cocina suele ser más pequeña que la barraca-habitáculo.

Dos secciones verticales, transversales i longitudinales
de una barraca, según J. Escrivà (1976)

 

Los pequeños muros pueden reducirse a la mínima expresión en las barracas del Perelló, sustituidos por pies o puntales de madera, llamados "vents". En las otras barracas están echos de adobes o "gassons", de barro mezclado con paja. El "penal" o "timpa" se hacía de cañas horizontales -"lliseres"- revestidas de barro. Todo el barro era "emblanquinat" (emblancado) con pasadas y pasadas de cal, que aparte de mejorar su aspecto, daban mayor resistencia. Las puertas se abren a los dos extremos siempre descentradas. Tambien suele haber una ventana (Sanchis 1957). La cubierta es armada con cañizos y "lliseres" atadas y, encima, cubierta de juncos, que pueden ser de: "borró"(Ammophila arenaria), "trotxera" (Psamma arenaria), "mansega" (Cladium marisci), "senill" (Phragmites), o de "rastolls o jaç" (paja de arroz, en este caso). Los lados que sobresalían solían hacerse de "senill" (Phragmites). A los extremos de la la cima del techo suele haber amenudo dos crucecitas de madera.
              Dos maneras básicas de distribución se contraponen: una centrada entorno a la "llar" ( hogar -donde se cocinaba), y otra longitudinal con un pasadizo.

En el Palmar y en el Saler, cada familia solía tener solo una barraca. Hasta el siglo pasado teníamos "la llar" aislado al centro en una única estancia, dos dormitorios "quartets" ocupaban los angulos. En el siglo XX el antiguo "llar" fue sustituido por un "fogueril" con chimenea. Las barracas con culata o "cul de mona" eran una peculiaridad de el palmar, entre la treintenea que habían sobrevivido del incendio de 1885 se han llegado a ver tres (Rosselló 1995).

No se puede terminar este apartado de viviendas del Parque Natural de la Albufera sin hacer mención a una edificación peculiar, "les casetes" (casitas) de la marjal. simples bloques de ua sola caida de aguas cubierta de teja arábiga, paredes de ladrillos cocidos, pequeñas dimensiones, y pocas aberturas o ninguna. Hace cuarenta años, aún pasaban los "marjalers" (agricultores de marjal) la semana, en tiempos de trabajo, excepto los sabados y domingos. Ahora en ellas se guardan las artes de pesca o aperos de trabajo, aunque son muchas las casitas en un estado de abandono notable.

Caseta del coto, en la marjal de poniente de
la Albufera. Al lado de una acequia. Servía de refugio a los pescadores y "marjalers".



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