Las cábilas tienen su rito
La temporada acaba con la apertura de los vedats tradicionales unos días para que todos los aficionados pueden participar
LAS PROVINCIAS | 23.01.12 - 00:32 - ADA DASÍ | SILLA.
Varios cazadores se preparan para la llegada de las aves. :: D. TORRES
«Estamos sin luz y por tanto, sin televisión, así que estar en armonía es lo más importante», explica Vicent. Reunidos en torno a la mesa es el momento de contar las batallitas del día y recibir la visita de otros cazadores de puestos contiguos como el Motor de Carota. Así es uno de los descansos en la semana de cábilas, que finalizó ayer en el parque de la Albufera.
«Ayer hice una carambola», comenta uno de los recién llegados, lo que supone que mató dos piezas sin cambiar la munición. Algunos le creen mientras que otros dejan escapar una leve sonrisa o una interjección de incredulidad. La semana de cábilas es una de las más esperadas por los aficionados a la caza de aves acuáticas que llega tras las tiradas oficiales. Es cuando los cazadores se hacen nuevos propósitos para el resto del año y viven más intensamente la tradición heredada.
Se trata de una semana entera sin límites de caza ni horario fijo establecido para tirar. Es el sueño de cualquiera que se tilde de buen aficionado a la caza. Si a esto le añadimos una buena dosis de gastronomía típicamente valenciana en la que el pato es su principal ingrediente y estar rodeado de la colla de amigos día y noche, las cábilas no tienen precio.
El origen viene de lejos. Con la subasta de puestos de los vedats, los cazadores con menos recursos se quedaban sin la oportunidad de poder tirar durante la temporada. Así, con las cábilas, tras la última tirada oficial se abre la veda para los cazadores locales en el ámbito de los vedats tradicionales. Motores y casetas de la marjal se llenan de amigos dispuestos a practicar su mayor afición.
En el vedat de Silla, la casa del Figuero está ocupada por una colla de amigos de entre 20 y 40 años, todos pertenecientes a la Sociedad de Cazadores local, que conviven diariamente con la única finalidad de cazar y dusfrutar de la naturaleza.
A pesar de que los patos ya tienen la lección aprendida después de las tiradas oficiales, a lo largo de la semana, en la casa del Figuero se han juntado con cerca de un centenar de piezas. «Todo depende del tiempo y a principios de esta semana hemos tenido suerte», explica Sergio, 'Pasiego'. A mediodía, tras la comida, se turnan para tirar. En el piso de arriba de la casa se han dispuesto literas y camas cubiertas con sacos de dormir donde pasan las noches.
«Algunos se levantan de madrugada para tirar y otros preferimos de día», comenta Vicent. «En la casa todos tenemos nuestra función, unos hacen la compra, otros se encargan de la comida,.» añade, en una semana que algunos se han cogido de vacaciones, «las cábilas son sagradas», finalizan.
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