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López-Egea, el fotógrafo de Sueca

Durante décadas publicó en LAS PROVINCIAS imágenes de la vida agrícola y festiva de un pueblo que le acogió con los brazos abiertos

 

LAS PROVINCIAS | 11.09.10 - 00:56 - F. P. PUCHE |

 

Medio siglo después, su trabajo en blanco y negro, tan artístico como testimonial, evoca un mundo agrícola que se ha perdido para siempre

 

Cuando la ciudad de Sueca culmina sus fiestas patronales con el Concurso Internacional de Paella Valenciana, que este año llega a su 50ª edición, es obligado evocar a un fotógrafo y periodista, Miguel Ángel López-Egea, que a lo largo de más de treinta años dejó en nuestras páginas el pulso de su ciudad y su agricultura. En la exposición abierta estos días en la octava planta del centro comercial de El Corte Inglés en la avenida de Francia se rinde homenaje a su obra fotográfica con una serie de imágenes clásicas, de la Albufera y del cultivo del arroz, la mayor parte publicadas en las páginas de LAS PROVINCIAS, periódico para el que colaboró como corresponsal.
Entre finales de los cincuenta y de los ochenta, Miguel Ángel López-Egea fue, para nuestro periódico, el "hombre imprescindible" en Sueca. La noticia festiva y la crónica agraria, la visita oficial y el suceso trágico. todo pasaba por sus manos y era servido de forma diligente por un fotógrafo, que no era el único pero sí era el más popular de Sueca, convertido también en cronista literario. Por eso, en nuestras páginas de tipografía es posible encontrar docenas de crónicas suyas.
 
López-Egea, el fotógrafo de Sueca
Una estampa típica de la Albufera. :: M. ÁNGEL LÓPEZ-EGEA. GENTILEZA, AYUNTAMIENTO DE SUECA/EL CORTE INGLÉL
 
López-Egea, el fotógrafo de Sueca

López-Egea, reportero en un vapor, en los años cincuenta.

 

López-Egea (1906-2002) nació en Caravaca de la Cruz, Murcia, en el seno de una familia numerosa que en 1914 se trasladó a Valencia, en busca de nuevos horizontes. Los tiempos duros le obligaron a dejar la escuela a los once años y a ponerse a trabajar de aprendiz en el estudio de un fotógrafo de galería. Fue allí donde aprendió un oficio que, además de convertir en arte, acabaría por caracterizarle y acompañarle toda la vida. Mucho más allá de su jubilación, en 1971; porque hasta su muerte, en 2002, vivió en la práctica rodeado de imágenes y noticias.
Con todo, Sueca fue, más allá de la familia, su gran devoción. En 1929 decidió abrir estudio en la ciudad del arroz, a la que dedicó el resto de su larga vida. Es allí donde López-Egea simultaneó todas las ramas de la fotografía, desde el retrato personal al reportaje periodístico; y donde mostró que era capaz de dedicarse por igual a la difícil fotografía industrial como a la selecta fotografía artística.
En los años cuarenta, López-Egea entró, con su sencilla Leica, en el pequeño pero selecto mundo de los fotógrafos artísticos valencianos, reunidos en el Foto Club Valencia, que hoy nos admiran con obras paisajísticas de altísima calidad. Si Casa Manero era su predilecto lugar de cita, tertulia y aprovisionamiento de materiales, la Albufera solía, con todas sus sugerencias estéticas, solía ser el punto predilecto de las correrías con la cámara y el trípode. López-Egea tenía lago a corta distancia. Por eso retrató el mundo de la Albufera, y del arroz, bajo todas las vertientes posibles: además de la caz y la pesca, además del atardecer y el amanecer, su cámara disparó película en blanco y negro cuando el arroz de plantaba a mano, cuando se quitaban las malas hierbas, cuando las espigas crecían prometedoras y en el momento crucial de la siega.
Pasado el tiempo, el estudio de su obra nos permite comprobar que, además, fue el notario de los cambios producidos en la agricultura por la llegada de las nuevas máquinas. Tractores, segadoras, secadoras van cambiando el mundo del arroz, muchas veces de la mano de otro suecano ilustre, Nicolau Primitiu Gómez-Senent, buen amigo de López-Egea, y erudito investigador de la arqueología y otras ramas de la cultura.
López-Agea convierte en arte la agricultura: cuando las barcas de vela latina avanzan por "els carrerots" con su carga de "feixos", él está presente. Como lo está en los días buenos, de cosechas generosas que se secan al sol haciendo dibujos geométricos, y en los días malos, cuando el temporal abate la cosecha y arruina a todo un pueblo. Como ocurrió en 1963, un año en que hasta la Alameda de Valencia se convirtió en secadero improvisado de arroz dada la urgencia que había de sacar a flote la producción.
López-Egea, que colaboró en todos los periódicos y revistas valencianos, desde "Jornada" a "Valencia Atracción" y desde "La Hoja del Lunes" a "Semana Gráfica", mostró siempre predilección por nuestra casa y por las páginas de huecograbado que publicábamos. Sueca y el arroz, pero también la vendimia de Requena, la Albufera y su mundo, las fiestas, la pelota valenciana y el puro paisaje de huerta o de montaña se convirtieron con gran frecuencia en páginas de huecograbado que en la redacción preparaban José María Cruz Román con lápiz y cartabón. El señor Seguí, abuelo de una saga de técnicos en artes gráficas de esta casa, con ácidos y mordientes aplicados a un cilindro de cobre, convertía el trabajo en blanco y negro de López-Egea en arte lleno de sugerencias, luces y matices
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