Cerco al siluro en el lago de la Albufera
Los pescadores tradicionales siguen faenando pese al calor para ayudar a controlar la expansión de esta especie, a la que temen como a un gran depredador
LEVANTE-EMV | 25-06-12 | JOSÉ SIERRA
Son las siete de la mañana y Antonio «Toni» Selma, un veterano pescador de Catarroja, abandona el puerto a bordo de un pequeño «albuferenc» acompañado de su yerno Ángel y su nieto del mismo nombre. Tres generaciones apretujadas en un espacio en el que apenas caben las redes. En junio, y con los primeros calores, los pescadores de la Albufera se retraen y sólo esporádicamente calan algún «mornell» para el autoconsumo pero hoy es una ocasión especial. Hay que «llavorar» y hacerlo duro y rápido antes de que el sol y la humedad conviertan la estancia en el lago en un suplicio.
Pese a que la temporada ha terminado, Toni Selma y con él otros pescadores de Catarroja, Silla o El Palmar han accedido a sacar sus barcas al lago para colaborar en la búsqueda de un nuevo enemigo común: el siluro.
Su papel es fácil. Representan al pescador tradicional de la Albufera que habitualmente se gana su sustento con una pequeña embarcación equipada con un motor asmático, una «perxa» para dirigir el «albuferenc» y dos tipos de redes—el «tir parat» o «tir pla» y el «mornell»— que calan a la salida de las acequias. La única diferencia es que hoy ni buscan ni esperan anguilas o llobarros, sino un extraño pez procedente del Danubio que hace una semana quedó atrapado en sus redes y del que lo temen todo: el siluro.
En el puerto y esperando el regreso de sus compañeros, Antonio Hervás, vicepresidente de la Cofradía de Pescadores de Catarroja, destaca el «compromiso» de la gente del parque frente a la amenaza del siluro. Más allá de los mensajes tranquilizadores que llegan de la Conselleria de Infraestructuras y Medio Ambiente, ellos saben que se enfrentan a un problema muy real y tienen miedo de lo que pueda ocurrir en su castigado mundo. «Nos han pedido que salgamos a pescar y ahí estamos, sin saber siquiera si tendremos para pagar el gasoil».
De regreso al puerto, la familia Selma «llavora» recogiendo las redes y las nasas colocadas 24 horas antes. Otro día volverán a por las que acaban de calar. Pese a ser el de mayor edad, Toni Selma hace la tarea más pesada: sacar las redes situadas bajo el agua, con habilidad para que no se enreden, mientras su yerno, de pie y ayudado por dos cuerdas anudadas en torno a sendos mástiles, maneja el rumbo de la embarcación, que no se detiene. El joven Ángel tira esporádicamente de «perxa» y su abuelo le recuerda que está allí para aprender.
Primero es una larga red de «tir parat» en la que ocasionalmente saltan las llisas. A la vuelta y en un escondido rincón del lago, Toni saca un «mornell» cargado de peces. Hay pocas anguilas y ningún «llobarro», las piezas más cotizadas en la Albufera. Poco después sacan otro «mornell» en el que apenas hay pesca.
Cerca de este grupo, Boro, de Catarroja, maneja con habilidad una barca con la que pasea a la gente en el lago. Hoy viaja con él el director del Parque Natural de la Albufera, José Segarra, que destaca la colaboración que existe entre las personas que viven y trabajan en el espacio natural. «Hace unos años, la respuesta que ha tenido la gente a la llamada de la Conselleria de Infraestructuras habría sido impensable. Cada uno iba a la suya», asegura Segarra.
El director del parque es responsable junto a expertos de la Piscifactoría del Palmar, una brigada especializada en especies invasoras y el grupo Trachemys, que combate la expansión del galápago de Florida, de verificar las capturas que llegan a puerto.
En el puerto de Catarroja se hace el recuento: 16 kilos de carpas y tencas, 10 de llisa y 8 kilos de perca sol, una especie exótica que «no aprovecha para nada» y que acabará en el vertedero. Antonio Hervás y los técnicos de la conselleria hurgan entre los pequeños peces por si se les hubiera colado un siluro que confirmaría la invasión inevitable del lago.
En los últimos años, la perca sol ha proliferado en la Albufera mientras las capturas de las especies comerciales decaían. Los pescadores temen que la perca sol o el alburno—hoy no ha caído ninguno en las redes— alimenten la expansión del siluro. Antonio Hervás se alegra de no haber encontrado siluros. «Si no está mejor, pero si aparece, le vamos a plantar cara», sostiene.
ShareThis








Comentarios recientes
hace 25 semanas 3 días
hace 37 semanas 3 días
hace 46 semanas 5 días
hace 1 año 15 semanas
hace 1 año 22 semanas
hace 1 año 41 semanas
hace 1 año 45 semanas
hace 1 año 48 semanas
hace 2 años 2 semanas
hace 2 años 3 semanas